jueves, 6 de septiembre de 2007

¿QUÉ NOS HACE SER DE UN EQUIPO?



Hace unos meses, a raíz de la publicación de mi trabajo sobre la transformación del barrio de Sant Ildefons ligada al fútbol y su evolución, tuve una conversación interesante con un miembro del jurado sobre el sentido antropológico del fútbol. Conversamos sobre cómo podía marcar el sentimiento de pertinencia a un grupo, a una sociedad, a una forma de vivir, etc.

El pasado domingo tuve la oportunidad de charlar con un argentino y evidentemente, hablamos de fútbol (y de Diego Maradona). Me explicaba la rivalidad Boca-River, cómo el sentimiento de ser de Boca era algo que marcaba la personalidad de las personas. El defendía que ser de Boca es ser del pueblo.

Ayer, César, padre de uno de los jugadores del Infantil A del Sant Ildefons, me hizo llegar un artículo publicado en La Vanguardia. Es un artículo de Jordi Galcerán, uno de los dramaturgos catalanes más internacionales, autor entre otras obras de la fenomenal "El Método Gronholm". Bajo el título de Happy Few, Galcerán compara el mundo del fútbol con las tácticas de caza que utilizaban nuestros antepasados homínidos. Al igual que el fútbol, se trataba de un trabajo en equipo, cada uno con sus funciones... cuyo objetivo no era la caza en sí, sino conseguir el prestigio de haber logrado la caza. Un prestigio que luego iba ligado a su futura riqueza, a conquistar a la mejor hembra... El paralelismo es evidente.

Un segundo tema que recoge el artículo es el sentimiento de pertenencia de sus seguidores, que es lo que me hace enlazarlo con las conversaciones anteriores. Galcerán afirma que lo que hace que miles de seguidores realicen viajes agotadores para seguir a sus clubs y a sus selecciones no es más que en un futuro, puedan enseñar sus recuerdos de guerra. Y así nos compramos camisetas, banderas y bufandas, hacemos fotos, guardamos periódicos, grabamos videos... como nuestros antepasados cuando se acercaba la efeméride una gran batalla afirmaban: "Mañana es San Crispín" Y levantándose la camisa podían mostras sus cicatrices y decir "Éstas son las heridas que recibí el día de San Crispín". Y sólo lo podían decir unos afortunados... aunque estos, a diferencia de nosotros, no debían pelear y tirar de contactos por lograr la ansiada "entrada".

Una reflexión posterior entrelazando las conversaciones anteriores y el contenido del artículo me lleva a pensar qué es lo que nos hace ser de un equipo de fútbol respecto a otro.

Está claro que el primer factor es el familiar. Si en tu familia algún miembro, generalmente padre/madre/abuelos, es seguidor aférrimo de un club, muy posiblemente tú también lo seas. Luego aquí entran discrepancias, cuando hay dos o tres equipos que elegir...

Otro aspecto importante es la situación del fútbol en ese momento. Es una evidencia que el Madrid de Di Stefano y la Quinta del Buitre hizo que muchos niños fueran merengues, de la misma forma que el Barça del Dream Team hizo a muchos culés. Es decir, todos queremos ganar, nos gusta el caballo ganador y apostamos sobre seguro. Cuando eres pequeño, y no tienes el padre que comentaba en el punto anterior, sueles hacerte de Barça o Madrid, o del equipo de la ciudad en la que resides.

Así, durante mi infancia adolescencia, fui seguidor del F.C. Barcelona. Mi padre, merengue, nunca me habló de fútbol en casa. Tuvo que ser mi madre la que un día me comentara la afición de mi abuelo, al que nunca conocí ya que murió cuando ella tenía quince años, era aficionado del Sevilla Fútbol Club. A partir de ahí, hace que cambie mi concepción, quizás ligado al sentimiento de pertinencia que, como los hominidos, queremos defender. En mi caso es el hecho de intentar "defender" mi herencia lo que me hace dar el paso. Con un Sevilla metido en el pozo de la Segunda B ante el descenso administrativo, esos días de Agosto del 95 empieza a aflorar un sentimiento que es el que a día de hoy me invade. Quién me iba a decir, que once años detrás iba a llegar a Mónaco, en un autocar lleno de catalanes sevillistas como yo, hijos de inmigrantes sevillanos como yo, para ver como mi Sevilla Fútbol Club derrotaba por cero goles a tres al poderoso Barça.

Y es que, a veces, el patito feo crece y se convierte en cisne. Ahí es cuando todos se enamoran del cisne. Yo me enamoré de un patito feo, un patito feo que ahora es el cisne más precioso del mundo (eso no lo digo yo, lo dice la Federación de Estadística e Historia de la FIFA), pero tengo claro, mejor dicho, tengo clarísimo que no sé en cuanto tiempo, pero que posiblemente no muy tarde vuelva a convertirse en patito feo, o quizás solo en pato.

1 comentario:

Anónimo dijo...

De parte del Tandem que te lo hagas mirar....